Barrio Aldana

El Tatá Yehasá y la quema del muñeco convocaron a una multitud de fieles

CorrientesHoy - 24/06/2014

El Tatá Yehasá, que quiere decir en guaraní "caminando sobre fuego", volvió a ser parte de las celebraciones centrales en honor a Juan el Bautista, el santo que convirtió en cristiano al hijo de Dios en la tierra y que hoy forma parte de las figuras más veneradas por los católicos del Litoral argentino, allí donde todavía quedan vestigios de la diezmada cultura guaranítica. Anoche a las 22 el inmenso predio de la parroquia San Juan Bautista del barrio Aldana, en el norte de la captal correntina, se abrió para dejar pasar a miles de fieles que concurrieron para rendir honor al patrono del barrio y presenciar la tradicional quema del muñeco, un modo de erradicar malos espíritus representados por una figura humana de unos tres metros de altura que, al arder, exorcisa energías negativas que pueden afectar a la comunidad con la llegada del invierno. El padre Goyo, párroco anfitrión, anunció por los altoparlantes que llegaba la hora de la fogata minutos antes de las 24 y el público se agolpó en derredor de un cerco instalado por la Policía provincial. El muñeco, diseñado y construido por alumnos de una escuela técnica, se convirtió en una pira de inmediato debido a la inflamabilidad de sus componentes: goma espuma, tela y cartón corrugado. La gente dejó escapar desde lo más hondo de sus pulmones reiterados sapucais, pero era recién el comienzo. El cura volvió a llamar a la multitud porque llegaba el momento cúlmine: la caminata sobre las brasas. Tras la bendición del fuego, los promeseros más corajudos se atrevieron a quitarse las zapatillas para dar entre cinco y seis pasos sobre una alfombra al rojo vivo. La primera fue doña Isolina Pawlovski, de 77 años, dueña de una conocida panadería. Vestida de blanco y ataviada con una mantilla de época, se aferró a su crucifijo de madera y caminó lentamente. Después confesó a LA VOZ DE CORRIENTES: "Es la primera vez en mi vida que lo hice, y caminé porque así me lo dictó mi corazón, en agradecimiento por las cosas buenas que me pasaron". Luego caminaron sobre el carbón ardiente decenas de personas de todas las edades. Algunos padres con sus hijos en brazos, otros jóvenes debutantes a los saltos y los más experimentados con una cadencia ideal: sin apresurarse pero con los pies livianos y pasos cortos, previa humectación con cremas hidratantes. Fueron los que menos necesitaron de las atenciones que a posteriori proporcinó la Cruz Roja en una carpa especialmente instalada a 20 metros de la pista abrasadora. Allí recibieron primeros auxilios, cremas antiinflamatorias y vendajes más de 30 personas. Pero aún así la fiesta siguió. Las brasas se convertían en cenizas mientras la cantina vendía choripanes y cerveza a destajo. A lo lejos, desde el escenario montado por el municipio capitalino, se escuchaba la voz del chamamecero más esperado de la noche: Alfredo Monzón. Y el grito de la muchedumbre enfervorizada: ¡Viva San Juan! Fuente: La Voz de Corrientes.

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